Cult of Takumi en The Hundred Line, tan polémica como brillante

Seguimos con el repaso de rutas en The Hundred Line -Last Defense Academy- y hoy le toca a una sorprendentemente especial: Cult of Takumi. Este es otro de mis desvíos favoritos, porque aprovechan para contarnos una alternativa muy distinta que enriquece a varios personajes, arriesga con el desarrollo del protagonista y ofrece giros coherentes a los sucesos que vivimos. ¡Ojo SPOILERS!

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En discusiones públicas vi mucha chanza e incluso desdén por esta ruta debido a ciertas imágenes pseudo-eróticas que muestran en algunas situaciones. Y aunque ese es parte de su lógico encanto, pienso que lo más importante de esta ruta es lo bien llevado que está Takumi en dicha odisea… y las consecuencias de sus decisiones.

Por supuesto, él no es el único que brilla. Aunque la gran mayoría de compañeros están cegados en su adoración y no son ellos mismos, hay un par que destaca y seguro que os imagináis quiénes son. ¡Vamos por orden!

La primera decisión

«Takemaru»

Cult of Takumi en The Hundred Line Takemaru muerte

«¿Cómo podemos permitir que una chica se vuele en pedazos? No es correcto.»

Necesitamos sacrificar a uno de los tres compañeros disponibles para explotar la bomba de llamas sobre V’ehxness y entre Tsubasa, Kyoshika y Takemaru, él es la segunda opción coherente. ¡Para muchos, seguro que la primera! Y eso le incluye a él mismo; pese a reconocer a Kyoshika como una gran guerrera, le recuerda que es una chica. A su manera, es un caballero hasta el final.

Lo que me gusta aquí de Takemaru es que no lo deshumanizan haciéndolo saltar al pozo como si fuera obvio. Está asustado y tiene dudas, se le nota en su expresión e interacciones por mucho que diga lo contrario. Al fin y al cabo, Kyoshika está «entrenada» y tiene mayor resolución para esa tarea, como demuestra si la eliges a ella. Takemaru solo se ofrece por puros ideales que ahora debe llevar a la práctica.

Además, Takemaru trata a Kyoshika como una chica normal. No me refiero solo a que sea mujer, sino a una persona normal, en vez de a la guerrera útil en ese momento extremo. Y ella lo acepta pese a todo, porque obviamente también tenía miedo. Es algo que aprecio, porque de lo contrario parece que la chica sea solo el inevitable sacrificio.

Quizá sean detalles pequeños, pero para mí dan muchísimo valor y credibilidad a los protagonistas. Este tipo de escenas son la prueba de que los personajes no se utilizan como simples herramientas para que avance la trama y los escritores se preocupan (en algunas rutas) de darle sentido a su trasfondo, personalidad y decisiones.

El impacto del sacrificio

«Volví con la única intención de proteger a Karua, pero ¿sería eso lo correcto?»

Más allá de la primera reacción y las dudas de Tsubasa por no haberse sacrificado ella misma, la muerte de Takemaru tampoco da mucho que hablar entre sus compañeros. A quien más parece afectarle es a Hiruko, que ese día es la única que permanece en su habitación. Gaku sugiere que podría ser por lo de Takemaru, pero tampoco nos lo confirman.

A quien sí le afecta, obviamente, es a Takumi. No solo tomó él la decisión, también carga el peso del regreso al pasado. En la primera línea temporal, tanto Darumi como Takemaru habían sobrevivido. La muerte de la primera podía considerarse un accidente, pero un segundo sacrificio del mismo expande y potencia las dudas sobre su decisión de viajar en el tiempo.

Por lo demás, es una continuidad similar a la de la muerte de Kyoshika, solo que esta vez la chica vive para ser testigo de la reconciliación de Kurara y Nozomi gracias a su regalo. Admito que me gustó, aunque no se regodeasen demasiado en la escena. Nuestra Kyoshika se merecía ver los resultados de sus esfuerzos en alguna línea temporal, ¿verdad?

Y aquí termina la «normalidad» en el grupo, porque la muerte de Takemaru tendría una consecuencia inesperada que los llevaría al desastre. ¡Pocas veces se percibe el faro moral, hasta que desaparece!

Yugamu desatado

«¿Piensas que no me preocupo por vosotros? Vamos, me malinterpretas.»

Retorcidamente bienintencionado, Yugamu siempre está ahí para ser el alquimista del grupo. Lo que no sabíamos es que había trabajado en una droga que potenciaba cambios en usuarios de hemoanima. Nunca lo desveló porque, al consultarlo con Takemaru, el chico se opuso sin reservas. En su trasfondo, había perdido a alguien por consumo de sustancias, detalle que encaja con lo que sabemos de su pasado y entorno ficticios.

También resulta destacable que Yugamu tuviese la delicadeza de detener el proyecto por consideración hacia Takemaru, porque ese tipo de gestos por su parte no suelen apreciarse. En cualquier caso ahora, libre de restricciones morales, le presenta su experimento a Takumi. Lo hace porque ve al líder decaído y, además de preocuparse por él, lo necesitan para que tome las riendas y la moral no decaiga.

Las intenciones son buenas; la droga de Yugamu desarrollará las feromonas de Takumi para que el resto lo aprecie más y el líder gane una confianza que necesita para seguir adelante. Como siempre, la clave es la cryptoglobin (la sangre especial), que potenciará esos efectos dirigidos hacia usuarios de ese poder. Y está claro que, como dijo Yugamu, todavía era algo experimental… porque ni él pudo prever el alcance de sus efectos.

Aquí es cuando entra uno de los nuestro supuesto asesino: su afición a experimentar y a llevar dichas prácticas al extremo. Esa droga era un riesgo enorme e inadvertidamente, Takemaru hizo lo correcto al detener ese proyecto. Sin saberlo, Yugamu había desarrollado un arma alternativa para ganar la guerra en Futurum… con consecuencias catastróficas.

El nacimiento de la secta

Compañeros abducidos

Cult of Takumi en The Hundred Line Yugamu Takumi

«Para ser honesto contigo… estuve echando más de esos medicamentos en tu comida y bebida.»

La primera consecuencia que muchos tomarían a broma, pero que en el fondo es bastante perturbadora, es la forma en que la droga afecta gradualmente al resto de personajes. Desde el principio muestran una súbita atracción hacia Takumi. Avanza a pasos agigantados según transcurren los días y el protagonista decide seguir tomando esa sustancia, hasta el punto que forma parte de su cuerpo sin consumirla.

Vemos el deterioro de la mentalidad del grupo en los diálogos y la evolución de los mismos, incluso los secundarios mientras paseamos por la academia. Cada uno de los compañeros de Takumi empieza a adorarlo y priorizarlo ante todo lo demás. El punto clave es cuando renuncian a sus propias preferencias, anteponiendo al protagonista a todo lo demás sin excepción.

Quizá es una interpretación mía muy libre, pero me hizo gracia que toda esa situación pareciese una crítica humorística a los escritores de muchísimas historias que hacen algo parecido con su protagonista sin drogas de por medio, ¿eh? Aquí lo exageran un poco, sin duda, pero no son pocos los juegos o series en las que el protagonista está absurdamente idolatrado por el resto.

Más allá de eso, que Takumi no percibiese el peligro en dichas actitudes es uno de los fallos más grandes que tiene y por el que pagaría las consecuencias. Justificándose y victimizándose, se mantuvo ignorante ante el desarrollo de la situación. La pista definitiva de que todo eso estaba mal debió llegarle en detalles clamorosos como tener a Ima ofreciéndole a su querida hermana, o Shouma a su perro.

El verdadero poder de la droga

«Aunque muera… Deseo que seas feliz.»

Uno de los puntos más sorprendentes de la sustancia creada por Yugamu es su enorme efecto en usuarios de hemoanima. La única que permanecía inalterable era Nozomi debido a su condición física: es humana y esa sangre se le implantó de forma artificial. Además, el verdadero impacto de la droga lo reciben los propios héroes de Futurum.

Muchos podríamos pensar que la inmediata sumisión de Eva ante Takumi es parte de la tónica habitual con la que tratan a su personaje, pero no es así… o bueno, ¡no del todo! El rápido sometimiento de Eva se debe a su elevado poder y la prueba definitiva vendría ante el prematuro regreso de V’ehxness a mitad de camino de los 100 días.

La villana del juego revela que estuvo espiando a Takumi, sintiéndose atraída por él y únicamente decide luchar contra ellos para apropiarse del protagonista. Cuando pierde, admite que lo ama y le llega a pedir que, si no se somete a ella, por lo menos le permita ser suya. Incluso al decidirse su muerte, V’ehxness le desea una vida feliz a Takumi.

Con esa escena tan rematadamente contraria a lo que sabemos de V’ehxness, tenemos la prueba definitiva del efecto tan drástico de esa droga; tanto en ella, como en Eva y por extensión, el resto del grupo. Lo que Yugamu creó en su laboratorio es la retorcida solución definitiva al conflicto con los héroes de Futurum. Menudo monstruo nuestro asesino, manipulando otro de los numerosos y caóticos poderes de su sangre.

Eito, el sectario definitivo

Cult of Takumi en The Hundred Line Eito cabezas comandantes

«¡Quiero darlo todo por este hermoso Dios!»

El efecto de la droga también tuvo poderosas e interesantes consecuencias en nuestro antagonista por excelencia, Eito. Unido a su intensa personalidad, las circunstancias especiales del chico actuaron como un aliciente extra para adorar a Takumi incluso más que el resto. Y es que, gracias a la droga, Takumi es el primer humano al que percibe hermoso. Un oasis en su horrorosa percepción del mundo.

Lo vimos con Darumi en Retsnom sin drogas de por medio. Aquí, la convicción y lealtad de Eito se multiplica. Al volver a la academia tras escapar de ahí, descubre la belleza de Takumi y decide dedicárselo todo a él. Tanto es así que su regalo de bienvenida consiste en presentar las cabezas decapitadas de todos los líderes enemigos excepto V’ehxness. ¡Casi nada!

A partir de ahí, como Takumi le permite volver, empieza a ganar terreno en la academia y consolidar lo que a esas alturas ya parecía una secta. Con su desinteresada dedicación al apartarse del sistema de recompensas, consigue tomar las riendas del grupo, decidiendo quién recibirá las recompensas de Takumi y haciéndolo todo por él. De esa forma, además de la aprobación del protagonista, se ganó también la de sus aliados

Por supuesto, aunque Takumi no se percatase de ello, su adoración es intensa y peligrosa. Al ser tan proactivo y resolutivo, nuestro protagonista se acomodó todavía más en su rol de ídolo del grupo y empezó a aceptarlo con cada vez menos reservas. Quizá fuese a Takumi al que todos adoraban, pero quien estaba convirtiéndose en el verdadero líder era Eito.

Y lo mejor es que al principio no lo haría con esa intención; los sucesos lo llevaron ahí debido a su propia personalidad. ¡Coherente y muy bien escrito, si me preguntáis a mí!

Sirei se autodestruye

Cult of Takumi en The Hundred Line Sirei Takumi

«No fuisteis elegidos. Fuisteis creados para luchar desde el principio. Es la única razón de vuestra existencia»

Uno de los grandes culpables de la situación fue el propio Sirei, porque buscó aprovecharse de la droga de Yugamu para ganar la guerra. Y es cierto que la Unidad Especial de Defensa estaba más dedicada que nunca a su fortalecimiento, todo por agradar a Takumi. Sirei, viendo que era tan efectivo, fue quien alentó la situación. Chantajeó a Takumi para seguir tomando la droga e ideó el sistema de recompensas para motivar más y mejor al resto.

Era evidente que se le escaparía de las manos, porque los compañeros mostraban un interés cada vez mayor en complacer a Takumi y un claro desdén por las órdenes del robot o el destino de la humanidad. Al principio, Sirei le restaría importancia al verlos como herramientas que podría manipular y simplemente estaban aumentando su efectividad. Y esta vez lo pagaría caro.

Dándose cuenta de su error demasiado tarde, Sirei decide solucionar el problema con su método habitual: engañar a Takumi, dejarlo inconsciente y lavándole el cerebro. Estaba tan confiado en su método que por el camino comete una torpeza atroz: confesarle a Takumi que ellos son simples soldados con el único propósito de combatir por la humanidad. Y de esta forma, dio veracidad a las revelaciones de Eito sobre Futurum y antagonizó todavía más a los humanos.

Tampoco contaba con el propio Eito, por supuesto. Al haber permitido su regreso corrió un enorme riesgo que no supo gestionar. Y en efecto, al atacar a Takumi, Eito estaba al acecho para salvar a su amado líder y por extensión, aplicar el merecido castigo a Sirei. Lo mejor es que permitió a Eva deshacerse del robot, detalle apropiado por la humillación que Sirei la obliga a sufrir en casi cada ruta.

Con el robot fuera de juego y Eito a cargo, la secta estaba más que consolidada.

Takumi, un tirano a medias

La evolución del líder

«No dejaré que nadie más muera, no puedo volver a pasar por eso.»

Una de las claves del personaje de Takumi es que nos lo presentan como una persona «normal» desde el principio. Para bien y para mal. Justo por eso, podemos empatizar con él en muchas situaciones, entender sus errores y admirar las virtudes que presenta en sus mejores momentos. Con esa base y los sucesos que nos llevaron hasta aquí, resulta sencillo justificar su inacción.

Takumi no es mala persona, todo lo contrario, pero nadie lo preparó para este tipo de situaciones extremas. Además de eso, vivió cien días caóticos de confusión y miedo que culminaron con la pérdida de su ser más querido. Y luego consiguió volver atrás para rehacerlo todo y estaba comprobando que, al contrario de lo que esperaba, la situación le estaba quedando peor.

El sentimiento de culpa y arrepentimiento es evidente y es lo que consigue que acceda e incluso continúe con el plan de las pastillas de Yugamu. Lo bueno es que solemos verlo con dudas, cuestionándose si está haciendo lo correcto, e incómodo ante la adoración de sus compañeros hasta casi el final. Sin embargo, poco a poco, las excusas y autojustificaciones logran sobreponerse a su racionalidad.

De hecho, al estar siempre «a medias» comprometido con ese plan, tampoco funcionaba como un verdadero jefe. Se dejó chantajear por Sirei y luego se acomodó ante la servil actitud de Eito, quien aliviaba su carga, comprendía sus reservas y lo halagaba por el buen líder que era. Takumi no supo controlar una situación que le venía grande desde el principio.

Un Shion despechado

Cult of Takumi en The Hundred Line Shion puerta llamas

«El resto están completamente entregados a ti. Casi ciegamente…»

La forma que tuvo de despreciar a Shion aquí es de las pruebas más dolorosas del cambio que estaba sufriendo Takumi. El chico de las llamas, en una situación bastante más dura que la de su amigo, acudió a Takumi para hablarle de la muerte de Sirei. Tiene todo el sentido; por despreciable que sea el robot para el resto, para Shion era como un padre.

Takumi conocía al chico de las llamas, quien se le presentó con todo el respeto para hablar del tema. Shion es alguien que siempre lo ayudó, especialmente en la primera ruta. Intentó advertirle de los peligros, lo salvó de la comandante de las ilusiones e incluso le dio la oportunidad de viajar en el tiempo para salvar a Karua. Es el propio poder de Shion, de hecho, el que lo hace posible.

Pese a todo eso, Takumi se sintió incomprendido y atacado por Shion, a quien trató muy mal en la interacción de esta ruta. Es uno de los momentos más desagradables del protagonista por todo lo que implica, pero a su vez, podemos comprenderlo. Pero bueno, ¿cuántas veces ocurre que nos sentimos injustamente tratados y pasamos por alto que quizá el resto también lo esté pasando mal?

Por muy humana que sea la actitud de Takumi, cuesta no sentirse fatal por el chico de las llamas cuando el protagonista le acusa de estar celoso al verlo rodeado de amigos. El pobre se marcha, claramente herido por unas palabras que le tocan donde más le duele. Y eso que Shion tenía toda la razón cuando cuestiona sus métodos, porque sí, Takumi podría haber hecho algo para controlar a sus amigos.

Tirano en ciernes

Cult of Takumi en The Hundred Line Takumi Hiruko masaje

Tras la escena de Shion, comprobamos que Takumi se reafirma en su nuevo rol. Vemos con tristeza que empieza a tratar al chico de las llamas como una herramienta, igual que Sirei. Y lo primero que hace al hablar con Nigou es reprocharle que le contase la situación a Shion sin su permiso. Luego, por primera vez, es el propio Takumi quien elige al compañero que recibirá una de sus recompensas.

A pesar de ello, cuando luego está a solas en su habitación, vemos que asumió el rol pero todavía no lo aceptó del todo. Se le nota con dudas, sintiéndose aislado. Llega a culpar a Nozomi por no comprenderle cuando Karua seguro que lo habría hecho. Todo ello forma parte de su victimización; esá dolido por la situación y afectado por la culpa de la muerte de sus compañeros.

En este punto, tenemos a un protagonista dispuesto a seguir excusándose para asumir su rol de indiscutible líder de su secta, pero a la vez también tiene los suficientes remordimientos como para echarse atrás. Además, Nozomi es la persona que más le importa y su opinión tendría mayor impacto sobre él que la de Shion. En resumen, este es el momento perfecto para la gran decisión de la ruta.

Los dos finales

Nozomi como brújula moral

«A mí no me parece que lo estés haciendo por la humanidad, Takumi… Parece que lo estés haciendo por ti mismo…»

Al librarse de los efectos de la droga, Nozomi era la única persona racional que vivía con incomodidad cómo se desarrollaba toda esa situación. La notamos muchísimas veces contrariada o expresando sus reservas. Lo más probable es que se sintiese tan aislada como Takumi, o quizá más, pues hasta sus viejos amigos se habían convertido en personas totalmente distintas.

Un detalle que me gustó es que ella misma tenía miedo de oponerse con firmeza, porque temía que el resto fuese a castigarla. Tenía razones de sobra para creer eso y me encanta que incluso ella, una de las heroínas más valientes y bondadosas del juego, dudase ante la posibilidad de que le hicieran daño. Es mucho más creíble que mostrarse siempre inalterable respecto a su propio bienestar.

De todas formas, con el tiempo logra reunir el coraje suficiente para tomar cartas en el asunto y afrontar a Takumi para darle su opinión sin censura. Le expone razones que eran obvias, pero que el protagonista no fue capaz de asimilar. Y la más importante es la libertad real de sus compañeros. Como bien dice ella, no son ellos mismos ni están tomando decisiones conscientemente.

También tiene un arma efectiva para cuando Takumi intenta justificarse con que no es culpa suya ni podía evitarlo. Sencillo: ¿por qué no le pidió a Yugamu que desarrollase una droga con el efecto contrario? Una verdad tan simple que Takumi ni se planteó, sumergido en su inocente egoísmo. Una verdad que podía devolverlo al buen camino… Pero una verdad que llegaba tarde.

¡Eito al acecho!

«¿Quieres que se tome una droga y tire todo esto por la borda? ¿Has perdido la cabeza?»

Como es habitual en él, Eito estaba espiando para asegurarse de que todo salía como él quería. Era previsible, igual que su forma de tachar a Nozomi de traidora por intentar devolverles la libertad a sus amigos. La acusa de querer arrebatarles la felicidad para volver a la pesadilla anterior. En el caso de Eito es lógico: regresar sería todavía más catastrófico para él: dejaría de percibir belleza en Takumi.

Y es que resulta importante destacar que esta ruta no es una fantasía de poder para Takumi. ¡Todo lo contrario, de hecho! Takumi es el último que tiene el control de su situación. Se enmascara con un humor erótico-festivo, pero quienes cumplían sus fantasías eran sus cegados compañeros. Él nunca llega a estar cómodo con ellas en este punto, por mucho que disfrute del masaje de Hiruko o el «pastel» de Eva.

Al final, queda demostrado que todos adoraban a Takumi, pero jamás actúan genuinamente por el bien de su líder. Su adoración es egoísta y se centra en su propia satisfacción. Lo idolatran y agasajan porque se sienten bien haciéndolo, y no permitirán que nadie les arrebate eso. Ni siquiera el propio Takumi. El primero y último en demostrarlo es el propio Eito, que al fin conseguiría lo que de verdad quería.

Estamos en una ruta sin marcha atrás a estas alturas y The Hundred Line suele presentar consecuencias para las malas decisiones de su protagonista. ¡Y no les tiembla mucho el pulso! A partir de aquí, Takumi solo tiene dos opciones. La mejor para él es sucumbir a su rol sectario, porque la de retomar el buen camino, pues…

Final 042: Living Idol

«¡Ignoraste tu última esperanza de echarte atrás, e intentaste tirar nuestro amor a la basura!»

Cuando elegimos que Takumi escuche a Nozomi y acepte pedirle a Yugamu una nueva droga que revierta los efectos de las feromonas, parece que todo se arreglará. O lo parecería si no leyéramos entre líneas y no conociéramos a Eito, quien no va a permitir que le arrebaten su única fuente de felicidad. La pequeña concesión que tiene hacia Takumi ocurre al día siguiente, preguntándole una vez más si está seguro de su decisión.

La escena es increíblemente perturbadora, porque todos los demás están callados y con la mirada fija en su líder. Cuando Takumi se muestra firme en su elección, Yugamu le ofrece unas pastillas que están lejos de ser la solución que esperaba. En vez de eso, causan una parálisis que le impide actuar, pero no le priva de ver y escuchar lo que está apunto de ocurrir.

Si hubiesen utilizado CG para ilustrar este momento con Nozomi, habría sido de las más duras del juego. Me pareció una locura que cada miembro de la Unidad de Defensa, nuestros queridos protagonistas, apalease por turnos a la chica que consideraban traidora y responsable de arrebatarles a su Dios. Y no se lo permitirían ni siquiera a él, al que a partir de ese entonces mantendrían vivo, consciente e impotente.

La escena final muestra a Eito desnudo junto a Takumi, pues el resto le permitió recibir la recompensa que se merecía por sus esfuerzos. Y es así, con una imagen que muchos consideran graciosa, la forma en que nos presentan uno de los finales más trágicos de Hundred Line. Con un protagonista que paga carísimas sus malas decisiones, por muy comprensibles que sean.

Final 041: Overlord

Cult of Takumi en The Hundred Line Overlord secta

«No los mataremos. Pero usaremos nuestra hemoanima… para gobernarlos.»

Si decidimos que Takumi confiará en Eito y seguirá adelante con el plan, Nozomi queda disgustada. Takumi le pide que permanezca con ellos aunque no lo apruebe, pero ella no está segura y le pide tiempo. Sin embargo, con Eito presente, no hay treguas que valgan. En principio parece que no hará nada, pero como suele suceder en la ruta, Eito actúa sin consentimiento del líder «por el bien de Takumi».

Sus propios compañeros, a sugerencia de Eito pero de forma unánime, lavan el cerebro a Nozomi para que también adore a Takumi sin reservas. Al principio nuestro protagonista muestra rechazo, pero sus victorias empiezan a consolidar el plan y los remordimientos van silenciándose cuando otorga «su recompensa» a la nueva Nozomi, acostándose con ella.

Este acto es lo que refuerza del todo su resolución para ser un tirano y proponer el plan para dominar tanto a la humanidad como a Futurum. Tiene mucho sentido que sus barreras morales se hayan disuelto, porque lo de Nozomi fue el punto de no retorno: había aceptado que privasen de libertad a la persona más importante de él y se aprovechó de ello, usándola como reemplazo de quien en realidad querría.

Por lo tanto, aquí no tenemos a un Takumi que toma las riendas y acepta el papel que se le impone. Este protagonista cayó poco a poco en una actitud reprobable y se convirtió en un tirano de forma genuina, adornándolo con excusas. Me gustó mucho la conclusión, porque es casi tan perturbadora como la anterior. La transformación del héroe en villano se sustenta con un desarrollo lógico de los acontecimientos, algo que siempre se agradece al proponer tales conversiones.

Conclusiones

Cult of Takumi en The Hundred Line Nozomi Takumi sexo

Siendo un desvío alternativo de la ruta principal, me pareció uno de los más interesantes y mejor escritos. Sus responsables no temieron mostrar los extremos a los que llegaría un protagonista envuelto en malas decisiones y solo se censuraron en las imágenes elegidas. Sin embargo, el texto expone sin problema la catástrofe, aunque no se regodee demasiado en sus conclusiones.

Gracias a esa interesante premisa y a que decidieron no alargarlo más de la cuenta de forma artificial (acaba el día 57), Cult of Takumi se convirtió en una de las mejores rutas. Es demasiado polémica y arriesgada para que considerasen convertirla en una de las principales, pero me habría encantado ver un presupuesto potente invertido en esta.

La primera vez la disfruté bastante con cada sorpresa y esta rejugada me sirvió para apreciar sus múltiples detalles. Es cierto que facilitan su desarrollo al arrebatar el papel individual de la mayoría el grupo para convertirlo en un colectivo unánime, pero se aprovecha para centrarse en Takumi y Eito, además de los detalles con Nozomi, Shion, Yugamu y el propio Takemaru.

En fin, para los que piensen que el bueno de Takemaru estaba ahí de relleno. ¿Empezasteis a valorar aquí lo que importaba su presencia y apoyo al grupo? ¿¡Eh!?

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