Analizando The House in Fata Morgana, historia con SPOILER
Esta entrada servirá como segunda parte del primer análisis, donde aprovecharé para ir analizando The House in Fata Morgana capítulo a capítulo, utilizando todos los SPOILER posibles. Por lo tanto, ¡ya sabéis! Seguid leyendo solo tras completar la novela visual hasta el final verdadero. Si todavía no la habéis vivido…
Opinión The House in Fata Morgana (no spoiler)
A diferencia de otras ocasiones, esta vez no fui tomando notas según avanzaba en la historia, por lo que opinaré sobre cada episodio y sus personajes de memoria. Lo tengo fresco, ¡así que no debería haber ningún problema! Eso sí, quizá me quede muy denso y no me apetece quemar mis ganas de escribir en una sola entrada, como sucedió con el repaso a Chaos;Child.
Por lo tanto, empezaré centrándome en los personajes que aparecen en las tres primeras puertas. A Michel, Giselle y la propia Morgana, así como expansiones a lo Reincarnation, les tocará un espacio en una futura entrada.
Los de la primera puerta
Mell, el más inocente de los malditos

Es curiosa e interesante la forma de empezar tan alegre (con el jardín y esa música acompañando), situándonos con una pareja de hermanos aparentemente ideales. ¡Y lo es porque sabemos que vamos a ver algún tipo de tragedia! La primera impresión que me dieron Mell y Nellie no fue positiva, porque estoy más que habituado (y harto) de relaciones de hermanos similares.
Por suerte, me sorprendieron para bien. Viendo el día a día de Mell resulta fácil entender la clase de persona que es y la obra lo plasma a la perfección. Un chico normal y bien educado que no quiere hacer daño a nadie, pero su amabilidad no es del todo genuina y en el fondo es un poco cobarde. Ese rasgo suyo tan complaciente sirve como defensa, para quedar bien ante el resto, algo superficial para evitar problemas.
En cuanto aparece alguien que le llama la atención como la chica de cabello blanco, pierde de vista lo que debería ser más importante: su propia hermana. Él es mayor, pero no intenta entenderla ni empatizar con su situación cuando está en su punto más bajo. La toma rápidamente como una molestia cuando cree que no la necesita, enfocándose en lo que le interesa.
A primera vista parece egoísta, y lo es. Sin embargo, lo veo como un retrato muy acertado de un adolescente acomodado y nadie debería juzgarlo precipitadamente, ya que la mayoría podríamos pasar por algo parecido. Resulta sencillo mostrar buenas formas y aparentar generosidad ante los demás cuando te parece fácil, aunque luego miremos solo por nosotros mismos. Mell es, de hecho, un chico bastante normal.
Nellie, ¿la villana del cuento?

Lo sencillo sería empatizar con Mell y entender que, pese a perder el control de la situación, lo que sucede no es culpa suya. ¡Y eso no es del todo cierto! Su hermana Nellie (potenciada por la maldición) actúa como una histérica y es muy cruel con Michelle, pero lo que cuenta de su propia situación es la clave. Al final, la chica adorable, alegre y mandona era quien más sufría aprisionada en su rol en la familia y solo tenía algo que aferrarse: su hermano.
La peculiar situación de que esa Michelle sea medio hermana de Mell y que Nellie lo descubra con tanta facilidad es muy conveniente. Sirve como el detonante definitivo para llevarla al límite de sus obsesiones. Y es así como, probablemente para mucha gente, Nellie queda como una loca que merece poca simpatía en esta primera historia. Pero no es así.
Me encantó esta primera pareja de protagonistas porque ninguno de los dos es del todo inocente y tampoco completamente culpable. De hecho, por lo condicionada que está y la edad que tiene, podríamos ser más permisivos con la propia Nellie. Su verdadera personalidad se refleja a la perfección en su segunda aparición en el juego, durante el capítulo final, sin maldiciones interfiriendo.
Fue maravilloso ver lo mejor de ambos, y no solo sus flaquezas, cuando Michel interviene. Al final, Nellie es bastante madura para su edad y fue capaz de comprender lo que le explicó Michel, arreglando la situación al aceptarla y adaptarse. Gracias a eso, podemos ver por fin la mejor versión de Mell, espabilando de una vez y potenciando por fin sus cualidades, en vez de esconderse tras las viejas excusas.
La Michelle más activa

Algo que me llamó la atención de las distintas versiones de Michelle es que cada una es en esencia la misma, pero según las circunstancias, refleja un cambio notorio. A pesar de mostrarse siempre bondadosa y poner la otra mejilla en la mayoría de intervenciones, la primera Michelle planeaba vengarse por la muerte de su padre. Algo impactante si la comparamos con las de otras puerta.
Si bien es verdad que interactuar con Mell disuelve su resolución, no es menos cierto que acecha tras su puerta en varias ocasiones y en una de ellas entra para ponerle las manos al cuello. Claro que, incluso sin haberse encariñado con el chico, sospecho que tampoco lo habría logrado matar. Aun así, en retrospectiva, sigue pareciéndome curioso que ese personaje llegase hasta tal extremo.
No es un detalle tan importante, pero lo aprecié porque es la primera muestra de lo bien que se entiende e interpreta la importancia del contexto de cada persona. Pese a ser la que menos cambia de todos ellos, incluso Michelle fue capaz de intentar ser violenta cuando la injusta situación con su padre le pedía venganza. Y eso me gustó, como dije, al notarlo en retrospectiva.
Y bueno, la pareja que forman Mell y Michelle no creo que llegase a funcionar demasiado bien. Bajo mi punto de vista, ambos necesitarían una persona que los activase un poco. Ante la más mínima dificultad, su relación se hubiese desmoronado. Nellie aceleró el desenlace, solo que de forma desquiciada y dramática, encajando con los extremos que incitaba la maldición de Morgana.
Tras la segunda puerta
Bestia indomable

Seré sincero, aunque ya lo dije en la reseña anterior: este fue mi personaje menos favorito. Y no porque fuese un asesino despiadado; sobre el papel era interesante. De hecho, si le quitamos algo de relleno, gruñidos y reiteración de su modo bestia anhelando paz sin conseguirlo, la historia está bien y tiene un final impactante y acorde a lo que podíamos esperar de alguien así.
Sin embargo, más allá de eso, el Yukimasa que nos muestran es alguien demasiado volátil como para incluirlo con facilidad en la trama que pretendían contarnos. Quizá en esta puerta, tras perder la memoria, estaba todavía más desquiciado de lo normal… pero sus otras versiones no son mucho mejores. Y justo por eso, en retrospectiva, quedó algo extraño como «protagonista».
En la última puerta, Yukimasa es tan violento y sediento de sangre como esperábamos, pero acaba controlándose en el momento más oportuno, llegando al punto de que no ocurre nada extraordinario y consigue mantenerse cuerdo. De hecho, Jacobo se muestra más agresivo que él y la única muestra del verdadero Yukimasa es en el final malo, que le corta la cabeza a Jacobo para proteger a Michel.
Por lo tanto, siento que debieron suavizarlo un poco más en su puerta de Bestia, o trabajarse mejor el «domesticarlo» durante la última parte del final verdadero. Quizá enfatizando en un ansia mayor por la búsqueda de la paz con un claro rechazo a su instinto básico. De la forma en la que está, me parece demasiado conveniente y aunque no estropea la novela como tal, sí es algo que molesta un poco. Y es que los personajes asociados a este tipo tampoco se utilizan tanto.
Pauline (y el desaparecido)

Aunque sus partes eran un poco aburridas, no tengo nada en contra del personaje de Pauline y su trágico final en la segunda puerta fue triste, pero coherente con lo que presentaron. Ignoro si fue intencional, pero que la Bestia utilizase de ancla a Michelle en lugar de a Pauline es una irónica rima de lo que decidió el primer Yukimasa con Morgana, desechándola al tener ya a Pauline.
Más allá de que la segunda puerta sea de las mejores venganzas de Morgana, admito que esperaba un poco más de la Pauline monja. Su actuación fue correcta para el personaje que era, y ya está. Lo que me sorprendió es que el tal Javi, teniendo incluso su propio arte de personaje, no volviese a aparecer. Creí que sería un personaje importante en la «puerta final», pero jamás volvimos a saber de él más allá de la segunda.
Y es así como, en definitiva tanto Yukimasa como sus compañeros de historia acabaron siendo los más flojos de la novela. Por lo menos me gustó que siguiesen resaltando detalles, como que la monja Pauline deseaba ser más parecida a Yukimasa y, en sus nuevas vidas, fuese medio japonesa por parte de padre. Son pequeñas cosas que valoro, aunque en este caso me importen menos.
Me resulta difícil conectar con esa necesidad de Pauline de permanecer con él a pesar de todo. Ni en el epílogo de «Reincarnation» siento simpatía hacia ellos, así que… ¡pues ahí están! Ambos de la manita y al psiquiatra, o ahí les mandaría yo, que ni siquiera sabría discernir cuál de los dos necesita más ayuda.
La Michelle más superficial

En consonancia con lo que tenemos tras la segunda puerta, aquí Michelle no tiene tanto contenido de valor que ofrecer. Tampoco sus verdaderos orígenes consiguen justificar del todo su excesiva tolerancia hacia Yukimasa. Su actitud aquí la vuelve menos cercana e impersonal, distante, como si fuese una simple herramienta de esta parte de la historia y no una persona con su propio contexto.
Tampoco es que me parezca mal pues, a fin de cuentas, ella es un instrumento involuntario para que se cumpla la maldición de Morgana sobre sus víctimas. Quizá sea producto de la idealización que tenía de Michel, ¡pero es que ni él llegó a esos extremos! Por lo tanto, no tengo mucho más que comentar sobre esta Michelle ni de los involucrados con el señor Bestia.
Y la tercera puerta
Tragedias de Jacopo

Después de Yukimasa, admito que infravaloré a Jacopo en la primera impresión. Me convenció con el paso de las horas, cuanto más veía la complejidad que escondía su personaje. Y es algo curioso, porque siguió haciéndolo hasta el impactante final de esta puerta, para luego continuar con las sorpresas al revelarse como el Señor que aprisionó a Morgana… y el camino que lo lleva hasta ahí.
Del primer Jacopo cronológicamente hablando no quiero hablar demasiado; su historia es de las más interesantes, pero tampoco profundizamos tantísimo durante la trama principal. Algo lógico, ya que no pasamos demasiado tiempo con él. Es la imprescindible expansión «A Requiem for Innocence» la que profundiza en esa historia, otorgándole un valor enorme a sus personajes en retrospectiva.
Sobre el Jacopo que vemos en la tercera puerta, su tragedia es la mejor representada. Sus inseguridades en contraste con esas grandes ambiciones, las buenas intenciones ocultas tras sus actos bruscos, y todo el malentendido que implica la falta de comunicación… Sí, María estaba manipulándolos, pero su plan era endeble y se hubiese derrumbado si Jacopo dejase atrás sus inseguridades.
Toda esa historia mejora todavía más en retrospectiva, porque lo que sufre junto a Michelle muestra un claro paralelismo con lo sucedido con Morgana. Incluso al final, igual que en su primera vida, retrasa la decisión en vez de actuar cuanto antes para detener el sufrimiento que está causándole a su mujer. Y como no es precisamente un ser sin corazón, todo ese dolor que inflige acaba destruyéndolo también a él en ambos casos.
María y su cuestionable maldad

Tengo opiniones diversas según el día en que me pregunten sobre el personaje de María, porque sus planes en contra de Jacopo están llenos de agujeros. Me gusta pensar que actúa motivada por sus emociones, que son las que la traicionan sutilmente a la hora de la verdad. Eso encajaría mejor cuando conocemos a la primera María, porque la de la tercera puerta parece disfrutar y regodearse con el sufrimiento de su viejo camarada. ¿Quizá debido a la maldición?
La manipulación de esta María fue bastante torpe y le salió bien por pura suerte, ya que Jacopo se encerró con sus propios demonios y Michelle era demasiado fácil de controlar. Y pese a ello, sigo sin entender qué pretendía en el tramo final, cuando confronta a su amigo y no logra matarlo. ¿De verdad pretendía asesinarlo? Creo que, sin quererlo del todo, se contenía.
Nada me lo confirma por completo, pero se parece un poco al plan estúpido que se traía entre manos en su versión de prostituta, cuando intenta colarse en la mansión y de alguna forma, asesinar a Jacopo. Está claro que no tendría éxito, ¿y no habría sido más hiriente revelar sus orígenes, en vez de atentar contra su vida? Parece más un intento de crimen emocional y no uno meticulosamente planeado.
En resumen, sentí que María era una persona demasiado visceral. Es tan capaz de cometer maldades para perjudicar a su viejo amigo, como de controlarse inconscientemente para no matarlo de verdad. Para mí, su amistad era genuina en ambas versiones, pero se volvió un veneno que no le permitía olvidar su relación con Jacopo. Quién sabe, quizá la interpreté mal.
La Michelle enamorada

Antes de leer «A Requiem for Innocence» me resultaba complicado notar tantos paralelismos con lo que sentía Morgana hacia Jacopo, porque ella no supo que él era el Señor al que había maldecido. El caso es que aquí Michelle está profundamente enamorada de Jacopo, hasta el punto de esperarlo y cruzar los límites de su propia cordura. Y eso encajaría con que Morgana acabase perdonándolo en Reincarnation.
En realidad, sin un Jacopo tan condicionado por las circunstancias y su propia ambición, ambos habrían hecho buena pareja. Los dos tenían cualidades que beneficiarían al otro y defectos que el compañero podría aligerar. Esa relación frustrada, pero con un potencial tan amplio, es lo que vuelve realmente perturbador su paralelismo con la jovencísima Morgana y el primer Jacopo.
Sin duda, pienso que aquí la vencedora en la competición del drama es la propia Michelle, sufriendo tanto o más que el propio Jacopo. ¡Y eso que la maldición está destinada a él! En cierto modo, cuando descubrimos de dónde salió Michelle, su dolor refleja una verdad oculta a simple vista: que Morgana, pese a maldecir al resto, también sufría ese mismo destino.
Curiosamente, el hombre con el que pasó el tiempo más feliz de su vida, tanto «de Michelle» como de Morgana, es a la vez el causante de la mayor de sus desdichas. En ambos casos, Jacopo acabó teniendo el poder de detener su sufrimiento y nunca tomó la decisión correcta. Necesitó reencarnarse por segunda vez para enmendar sus errores, ¡y no todos tenemos tantas oportunidades!
«A Requiem for Innocence»

Quiero evitar enrollarme aquí con la expansión, o la entrada se alargaría muchísimo más. Sin embargo, resulta imprescindible mencionar la importancia de esta historia para darle mayor contexto a Jacopo, Maria y Morgana. Es ahí cuando podemos conectar mucho mejor con la situación de los tres, en especial la del hombre que se convertiría en mi personaje favorito de la novela gracias a esto.
Lo mejor de «A Requiem for Innocence» es que muestra a Jacopo tal como es, sin censura; vivimos la mayoría de la historia desde su perspectiva. De esa forma, es más sencillo entender que él no era una persona perfecta, pero tampoco llegó a ser el villano que parecía. Tuvo malas decisiones y todavía peores circunstancias que no supo gestionar de la forma correcta. ¡Y no me extraña!
Al final, la tragedia de Jacopo me llegó al corazón precisamente porque la historia no maquilla sus defectos, pero tampoco enmascara sus virtudes. Todo está ahí, expuesto para que el lector lo valore y juzgue según crea conveniente. En mi caso, me producía una sensación de impotencia desgarradora y me hacía odiar la injusticia a la que tantas veces nos vemos sometidos.
A pesar de ser mejor persona que muchos, Jacopo cometió errores que el destino le haría pagar una y otra vez. De hecho, me encantó que él mismo se juzgase imperdonable y fuese el único de los malditos que prefería desaparecer. Le entiendo perfectamente. Por él es que disfruté tanto la expansión y el epílogo de Reincarnation. Un personaje increíble como pocos.
Conclusiones

¡Y de momento nos quedamos aquí! El trío de malditos y sus seres queridos nos llevó ya bastantes palabras, ¿eh? Una de las razones por las que quería separarlo era precisamente para diferenciar las partes que me fascinaron de las que no me convencieron demasiado. Aquí tenéis mi cariño por Mel y Nellie, y a Jacopo como mi favorito, pero cierto desdén por todo lo relacionado con Yukimasa.
Si hiciese la tercera parte de mi análisis, nos quedaría abordar otra historia mejorable, que sería la de la cuarta puerta. A partir de ahí, me encanta todo lo que envuelve a Giselle y Michel, así como los contenidos extra. Para que os hagáis una idea, esa pareja eran mis personajes preferidos de la novela y no me decidía por cuál decantarme… hasta que leí «A Requiem for Innocence», claro.
Llevo mucho tiempo leyendo novelas visuales y hace poco que conozco The House in Fata Morgana, pero ya escaló puestos hasta ser una de las imprescindibles si tuviera que dar recomendaciones del género.
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