Dungeon Siege, el clásico CRPG que quedó en la sombra

Igual que suelo explorar o rejugar viejos juegos de rol japonés, también me encanta hacer lo mismo con los RPG occidentales, en especial los que jugábamos en el PC. A fin de cuentas yo crecí más con estos títulos que con los nipones. Y en el caso de Dungeon Siege me tocó revisitarlo para entender los recuerdos contradictorios que tenía sobre él.

El primer Dungeon Siege, originalmente lanzado en 2002, fue un CRPG sólido en su época y compitió con pesos pesados del momento. En mi caso lo jugué un tiempo, pero quedó eclipsado rápidamente por propuestas como Neverwiner Nights, el clásico inamovible de Diablo II o la alargada sombra de Baldur’s Gate. Y más adelante, su secuela también tuvo que vérselas con títulos como Sacred.

La experiencia de cada uno variará según su edad y lo que vivió, por supuesto. Aun así, me apetecía volver a echarle un ojo a este título, ¿qué fue lo que me encariñó de él y, poco después, lo alejó hacia un rincón oscuro de mi memoria? Tras unas cuantas horas viajando por Aranna, me quedó bastante claro, tanto lo bueno como lo malo.

Su encanto añejo

A día de hoy, la mayoría echará un vistazo a los gráficos del primer Dungeon Siege y saldrá corriendo, algo que puedo comprender. ¡Incluso su segunda parte se ve ya muchísimo mejor! Sin embargo, siento que para los que tenemos una edad y disfrutamos de esa época, ese apartado visual siempre tendrá algo que nos enganche. Quizá por la nostalgia de la ilusión de aquellos tiempos.

En cualquier caso, el juego se anda con pocas tonterías desde el principio. Nuestro protagonista (con apariencia ligeramente personalizable) es un granjero que se ve obligado a tomar un arma e iniciar su viaje abriéndose paso a espadazos. La historia es muy simple y aunque el mundo tiene su trasfondo, lo que vivimos ahí se resume en un «avanza y mata» de manual.

Lo potente de Dungeon Siege es que era igual de directo con su jugabilidad, resultando accesible incluso para un CRPG de la época. Podíamos golpear cuerpo a cuerpo, a distancia o con magia, y dichas habilidades se potenciarían con el uso de las armas (o hechizos). Es un sistema de progresión sencillo de entender, pues incluso las estadísticas se reducen a fuerza, destreza e inteligencia.

Casi dos horas de campaña consisten en abrirte camino a golpes en solitario, llegar a una mazmorra mazmorra y superándola para alcanzar la primera ciudad. En su momento incluso eso era disfrutable, pero a día de hoy muchos se asustarían de la excesiva sencillez de esa jugabilidad que consiste en clicar sobre el enemigo y ver cómo mueren todos. ¡Casi parece que se juegue solo!

Profundizando en Aranna

Dungeon Siege mazmorra grupo combate

Superada esa impresión, debe destacarse que la cosa cambia un poco llegados a la ciudad. Al final de la mazmorra que la precede reclutamos a una compañera y en la entrada de Stonebridge nos espera un aliado más. Estos personajes no tienen demasiado más allá del diálogo inicial, pero unirlos al grupo servirá para superar la aventura y darle chispa a la jugabilidad.

A partir de aquí, con tres compañeros y su propio inventario, sumando dos extra en la ciudad si les pagamos la tarifa de entrada, contaremos con cinco personajes en la alineación. Y los necesitaremos, porque saliendo de Stonebridge los enfrentamientos empiezan a animarse. Tras este punto encontraremos grupos cada vez más numerosos de enemigos, una gran diferencia respecto a la primera hora.

Ya nos tocará estar un poco más pendientes de las pociones o reposicionar a algún personaje vulnerable al que estén atacando. Como lo más probable es que contemos con un mago, veremos que hay varios hechizos a utilizar, tanto ofensivos como defensivos, que darán algo de variedad a un combate que cada vez se pondrá más intenso.

Además de todo eso, una de las claves de Dungeon Siege es que sus escenarios carecen de pantallas de carga. Exploraremos y avanzaremos sin pausas impuestas, sintiéndose como una aventura muy libre y natural. En realidad el juego es relativamente lineal, pero el terreno que recorremos es amplio y cuenta con desvíos para encontrar tesoros o realizar alguna misión secundaria.

El peligro de lo simple

Dungeon Siege cueva dragón hielo

Bajo mi punto de vista, incluso a día de hoy, el juego se mantiene disfrutón unas cuantas horas tras su inicio. Sin embargo, los extensos caminos y mazmorras que atravesamos empiezan a darnos una pista de la mayor flaqueza: su simplicidad jugable. Y es que pese a lo comentado, una vez comprendidas las mecánicas del juego, avanzaremos de forma casi automática y sin demasiadas preocupaciones.

Como no tenemos una historia que nos motive ni verdaderos peligros a los que hacer frente, la experiencia se vuelve muy repetitiva a la larga. Más allá de la clásica táctica de atraer grupos enemigos a una zona ventajosa, nuestro papel se reduce a guiar a los personajes durante la exploración, beber pociones y cambiar alguna magia de vez en cuando.

¡Y ahí está el problema! La carencia de suficientes estímulos y alicientes para avanzar se notará cada vez más. Si tenemos en cuenta lo extensa que es la campaña principal, con viajes larguísimos, sumando más de veinte o treinta horas según tu ritmo de juego… Sí, Dungeon Siege tiene un encanto particular y es sorprendentemente accesible, pero tanta simpleza tiene un límite.

En su momento, la fascinación que ejercía sobre los que lo jugamos era suficiente como para mantenernos enganchados mucho tiempo. Por desgracia (o suerte) eso no es algo que funcione a día de hoy, con tantísimos juegos disponibles, tecnología moderna y tanta variedad de mecánicas en otros RPG. Justo por eso, la experiencia se vuelve demasiado repetitiva y cae por su propio peso.

Conclusiones

Dungeon Siege arte promocional

Hay juegos que envejecen peor que otros. Este es un ejemplo de aquellos para los que el tiempo no perdona y resalta sus flaquezas. Bajo mi punto de vista, priorizaron la ambición de una aventura extensa, descuidando por el camino aquellos detalles que podrían haberla hecho destacar, aunque quedase más corta. Eso es mi punto de vista, claro; el primer Dungeon Siege fue un éxito de su época.

De todas formas, no negaré lo mucho que disfruté recordando el pasado mientras dedicaba horas a recorrer de nuevo este mundo. Revisitándolo hoy, me sorprendió su enfoque en la fluidez de la exploración y considero una verdadera pena que su estilo de combate fuese acercándose más al «tipo Diablo» con las secuelas. ¡Ojalá hubiesen mantenido el enfoque inicial!

Más adelante hablaremos de Dungeon Siege II, que supuso un salto notable en la saga en algunos aspectos, pero hizo evidente su inevitable desvío en otras mecánicas. A fin de cuentas, por aquí solo os he comentado (y de pasada) sobre la tercera entrega, que abrazó el «estilo Diablo». Y poco tiene que ver con la fórmula original del primer título.

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