Rejugando Final Fantasy XII, la reconciliación con Ivalice
Primer videojuego completado en 2026 y no es ni más ni menos que Final Fantasy XII, en mi intento de ver si rejugando la aventura a día de hoy le tomo más cariño. El resultado, afortunadamente, es positivo gracias a la versión The Zodiac Age, la cual creo que sí es la primera vez que completo. Varios años atrás superé el juego base hasta un par de veces y hace tiempo os comenté mis pegas con la experiencia.
Mis peores problemas con Final Fantasy XII (2020)
Ojeando de nuevo la entrada que le dediqué casi de memoria, me alivia ver que no iba desencaminado y en esencia, sigo pensando muy parecido. Ahora, con el tiempo y más viejo, volví a afrontar el juego en esta versión. Sigue con diversas flaquezas para mi gusto, pero es muy disfrutable como JRPG.
Bendita Zodiac Age

Por mucho que alguien pueda divertirse con la dinámica jugable de Final Fantasy XII, me parece incuestionable que sufre de varios tramos pesados. Incluso prescindiendo de misiones secundarias, existen travesías y mazmorras bastante largas que se vuelven repetitivas cuando llevas un rato jugando. O eso sucedía con la versión base del título.
The Zodiac Age, entre otras cosas, nos permite aumentar la velocidad en x2 e incluso x4, acelerando caminatas y batallas insustanciales. Al poder activar y desactivar con un botón, podemos alternarlo a voluntad según lo necesitemos. Esto también es una gozada cuando quieres completar el contenido secundario o «farmear» experiencia, ahorrándote una considerable cantidad de tiempo.
Otra de las mejoras o «parches» de la versión es el sistema de clases, que no es más que una revisión al tablero de licencias. Sigue pareciéndome una fórmula de progresión demasiado mejorable, pero dividiéndola en clases resulta más clara para elegir en qué especializar a cada personaje. De esa forma, aunque el sistema sea mediocre, ya no resulta confuso.
Y por último, un detalle importante para mí: las voces en japonés. Con todo el respeto a los actores en inglés, pero en este juego nunca me sonaron bien y potenciaban la «frialdad» de la experiencia en cuestión de emociones en los personajes. Los seiyu mejoran las sensaciones de cada protagonista durante la historia, por lo menos para mí. Es mi primera vez con voces en japonés aquí y, ¡uf! Qué diferencia.
Un Final Fantasy aventurero

Teniendo en cuenta las correcciones de la Zodiac Age, es mucho más sencillo disfrutar del componente de libertad que ofrece Final Fantasy XII. La historia deja múltiples espacios en los que desviarnos del camino establecido para explorar, ya sea a nuestro gusto o completando cacerías que sirven de misiones secundarias. ¡Y cómo se agradece la falta de transiciones de exploración a combate!
En esta ocasión me dejé llevar e investigué más que nunca cada recoveco del juego, y me gustó mucho. Tiene las típicas áreas en las que los muros vienen en forma de monstruos poderosísimos que matan de un golpe, pero prefiero esa «peligrosidad» a una barrera invisible. Además, como en cada ciudad algún diálogo difiere según lo ocurrido en la trama, el viaje se siente vivo y con mucho contenido opcional.
Lo único malo de tomar rutas alternativas es que, pronto en el juego, superaremos el nivel recomendado para la historia. Y esto se traduce, por lo menos en mi caso, en que el resto de la aventura principal se convierte en un paseo. Si a eso le sumamos un sistema de gambits bien configurado, llegará el momento en que solo debamos avanzar y contemplar al grupo arrasando con el mapa y sus jefes.
Es una pena que el balance se rompa tan rápido, porque los combates equilibrados a tiempo real de Final Fantasy XII pueden ser emocionantes. Por desgracia, la facilidad en sobrepasar al rival acaba por fastidiar la experiencia principal en poco tiempo. Y a partir de ahí sí que volví a notar lo repetitivo de su jugabilidad, pues llega cierto momento en que apenas progresas en nada con el tablero de licencias.
Vaan no es el problema

Lo que más me llamó la atención en esta rejugada es comprobar qué tal me sientan la historia y sus personajes a día de hoy. Y aunque ya lo pensaba antes, ahora lo confirmé totalmente: el protagonista no es el problema de este juego. Sí, podría haber sido mucho mejor, pero no es malo y aporta más que otros miembros del grupo como Penelo o, para mi sorpresa, Basch.
El inicio de Final Fantasy XII me parece espectacular y se mantiene a un gran nivel hasta que todo el grupo se une y el conflicto queda establecido. Sin embargo, llega un punto en que la misión de Ashe por recuperar su reino empieza a desinflarse. Nos mandan de un lado a otro cumpliendo pasos de un objetivo cuyo giro final resulta demasiado predecible y prescinde de cualquier drama.
A esto debemos añadirle que, a diferencia de la mayoría de aventuras de su saga, la duodécima entrega carece de grandes momentos emotivos. Esto se debe a que no profundizamos en varios personajes y al llega su clímax, esos momentos clave apenas conectan con el jugador. O por lo menos, conmigo; es el Final Fantasy «moderno» que menos me transmite en ese sentido.
Podría poner muchos ejemplos, pero no quiero destripar nada por si acaso. Para resumir: los momentos de Basch y su hermano son escasos; apenas exploramos el pasado de Balthier con su familia o Fran, quedando superficial a la larga; tampoco se exprimen relaciones clave como la de Penelo con Larsa, Larsa con Vayne o Gabranth en general. Vayne, de hecho, me pareció un antagonista muy potente y apenas se le otorga protagonismo.
Y mis favoritos de la historia son…

En esta rejugada, por suerte, conseguí conectar más con el grupo principal… aunque mis favoritos no han cambiado mucho. Mi preferida fue y sigue siendo Ashe; continúo pensando que ella debió ser la protagonista. Porque no nos engañemos, la historia se centra en ella, su misión y las decisiones que debe tomar. El único que podría compensar en ese rol es Balthier.
Otra que me gusta mucho es Fran, que sin ser central en la historia, es una compañera muy agradable y bien llevada. Curiosamente es la que tiene mayor profundidad con el mensaje que dejan sus escenas cuando pasamos por su hogar. En otras historias se repite lo de escapar de unas costumbres cerradas, pero pocas veces se aborda el riesgo de la soledad en la búsqueda de libertad, como ocurre con la viera.
Luego tenemos a Balthier, quien tiene varias ocasiones para tomar las riendas o mostrarse vulnerable ante los sucesos cuando le tocan a nivel personal. Por desgracia, nunca lo explotan del todo, manteniendo esa imagen de tipo fuerte y autosuficiente. Es una pena, porque justo por eso no me parece tan bueno. Aun así, tiene varios diálogos de valor y muy buenos momentos.
Quien me decepcionó es Basch, al que no recordaba tan absolutamente vacío de contenido. Más allá de sus escenas iniciales y finales, no ofrece nada de valor durante el viaje y sus intervenciones resultan olvidables. Y eso que el diseño me encanta y en mi mente creía que era de mis favoritos. Sin embargo ahora mismo, en mi lista de preferencias, solo está por encima de Penelo. Incluso prefiero a Vaan.
Conclusiones

Sigo pensando que Final Fantasy XII no fue tan buen juego hasta su versión The Zodiac Age, donde varias de sus asperezas quedan resueltas o «parcheadas». Tiene virtudes propias más allá de eso, como la frescura de su jugabilidad en los primeros compases, la sensación de aventura y el mundo de Ivalice. Sin embargo, la historia carece de momentos emotivos como la saga nos tiene habituados, hay cosas importantes sucediendo fuera de cámara y deja asuntos sin resolver (dichosos fantasmas…).
En cualquier caso, me gustó mucho rejugar y poder disfrutarlo sin ataduras ni sentirlo pesado. Entre la música y la propia aventura secundaria que jamás exploré demasiado, fue una experiencia interesante. ¿Está al nivel del resto de Final Fantasy? Para mí, no. Sigue estando por debajo de mi lista de preferencias, pero ahora conseguí disculpar sus errores y apreciar mejor las virtudes.
Esta rejugada me recordó que debo actualizar mi viejo top de la saga y otros tantos relacionados. Desde que lo publiqué, completé varios juegos nuevos que debería añadir como el primero de todos, o el IV, el XVI e incluso Stranger of Paradise. Quizá algún día toque «remake» de ciertas listas…
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