Crimson Desert es único, para bien y para mal
No sabía cuándo escribir sobre Crimson Desert, porque es de esos juegos complicados de considerar «terminados». En la mayoría supondríamos que tocaría tras completar la historia principal, pero aquí no se siente así. Por ejemplo, es casi en el clímax de la trama cuando nos dan la posibilidad de volar (por tiempo limitado) en una de las monturas más impresionantes. ¿Quién querría dejar de jugar después de eso?
Además, igual que me ocurre con mundos abiertos tan amplios y llenos de actividades, siento que estoy jugándolo «mal». Me pasó algo similar con The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom, del cual ni saqué reseña y solo hablé de su historia. Tiene mucho contenido que yo no voy a experimentar ni tengo interés en hacerlo, así que resulta complicado valorar una experiencia que no viviré completa.
Aun así, esta vez no quería dejar de hablar del tema tras invertirle unas 80 horas en el momento de escribir esto. Crimson Desert es un juego que divide mucho a la comunidad y las razones son obvias.
La historia de Kiff, o eso dicen

La historia principal es, bajo mi punto de vista, un conjunto de ideas obligadas a unirse en una trama que no tiene mucho sentido y tampoco explicarán demasiado. Desde el principio vemos que es lo menos importante del juego y con diferencia. Empezamos con Kliff, el protagonista, sufriendo una tragedia… y a los pocos minutos ni a él mismo parece importarle lo sucedido. Por extensión, a nosotros tampoco.
Existen varios momentos rescatables en la aventura principal, por su espectacularidad o por las actividades que realizamos, pero la narrativa jamás está bien cuidada. ¡Y eso que la premisa era clara y podrían haber contado algo sencillo! En mi opinión debieron dejarnos personalizar a nuestro protagonista; de esa forma sería «nuestra aventura» aunque esté mal escrita, y no la de un tipo que parece no tener alma.
Luego contaremos con dos compañeros jugables que desbloquearemos según avanza la historia, pero no nos dejan utilizarlos en la trama principal (excepto un par de misiones obligatorias) y tampoco comparten parte del progreso de Kliff. Por ende, mejorarlos se siente incluso perjudicial y la posibilidad de jugar con ellos resulta innecesaria. Y es una pena, porque me gustó el estilo de Damiane.
Al final, lo que tenemos es un juego de mundo abierto donde la trama principal sirve para desbloquear opciones jugables. Su narrativa es tan insulsa e inconexa que acabas prefiriendo acelerar las escenas. La gracia de la aventura reside en explorar a tu antojo, descubrir ese mundo, cumplir misiones secundarias e ir mejorando el equipo del personaje para afrontar desafíos mayores.
Luces y sombras por doquier

Quien juega más de diez horas a Crimson Desert empieza a entender que la experiencia está tan llena de elementos maravillosos como de detalles molestos o elementos mal diseñados. Si bien es cierto que muchos de sus errores van solucionándose parche tras parche, otros (como lo de la historia y personajes que comenté) seguirán ahí para acentuar su imperfección.
No son pocas las veces en las que me topé con un puzle ingenioso en el que adivino lo que debo hacer, pero ignoro en qué ángulo o de qué forma el juego quiere que lo ejecute. O esas ocasiones en las que me enfrento a un jefazo emocionante y empiezo con una herida de gratis, porque la pelea empezó en plena transición de cinemática. Son pequeñas cosas que van acumulándose y minando tu paciencia.
A nivel gráfico, por ejemplo, me parece espectacular… si es que decides jugarlo en PC. He tenido la suerte de poder probarlo tanto en PC como en Xbox Series X y PlayStation 5, y la diferencia se nota muchísimo. Va de mejor a peor justo por ese orden, afectando a la experiencia según dónde decidas jugar. Su peor versión (la de PS5) resulta competente y es jugable, pero no le hace tanta justicia como las otras.
Y así podríamos seguir, mencionando alternativamente los elementos positivos y negativos que conviven en este juego. Por cierto, un detalle importante para nuestro idioma: la traducción al español es un desastre y muchas veces lleva a que cometamos errores al interpretar instrucciones en las misiones. Si entendéis el inglés, os recomendaría tirar por ahí.
Intentando vivir mi propia aventura

A pesar de lo negativo, admito que yo lo disfruté la mayor parte del tiempo, y seguiré haciéndolo. Los juegos de mundo abierto no suelen encandilarme, pero Crimson Desert sí me incitaba a seguir jugando y explorando sus posibilidades. Me encanta montar a caballo y visitar sus ciudades y pueblos, mirar las tiendas, atender las misiones secundarias que me apetecen, o perderme por las montañas en busca de secretos.
El mundo que recorremos me parece precioso y aunque es grande, no me molestaron los viajes. He disfrutado incluso con las capturas de maleantes, que debes atraparlos y transportar tú mismo a la ciudad, una que en varias ocasiones se encontrará muy lejos de donde capturaste al objetivo. Es una de tantas actividades que podrían mejorarse, pero tomándose con calma se vuelve un proceso casi relajante.
Por supuesto, mis partes favoritas son las de combate, en concreto las tareas en las que debes arrasar con una zona llena de enemigos y acabar venciendo al jefazo de turno. Su diseño es un poco perezoso (los enemigos reaparecen una y otra vez hasta que matas la cantidad necesaria) y ahí debió haberse aprovechado alguna colaboración con la banda de Kliff, los Melenas Grises.
Los jefes, exceptuando alguno frustrante por sus mecánicas o aleatoria agresividad, se sienten satisfactorios de vencer. Hay un montón de enemigos importantes, la mayoría con debilidades concretas y formas óptimas de resistir su acoso. Eso sí, debéis tener en cuenta que la preparación es fundamental y la victoria depende mucho de nuestro equipo o la cantidad de comida curativa que llevamos encima.
Conclusiones

Hasta aquí el resumen de lo que opino sobre Crimson Desert. Es un juego cuyos múltiples errores e imprecisiones lo alejan de ser una experiencia ideal, pues está plagado de detalles mejorables. Aun así, también es único en aspectos clave dentro de su precioso mundo abierto y las posibilidades que encontramos en él. Se puede disfrutar mucho, siempre y cuando logres conectar con la fórmula.
Eso sí, un último apunte: esperaba algo más del combate tras haber gozado del mejunje de combos tan satisfactorio que ofrecía Black Desert. Aquí parece que se simplifica demasiado y por lo menos en mi caso, acabé tentado de repetir una y otra vez la técnica más dañina mientras realizaba «parrys» con el escudo. La efectividad de esa táctica ensombrece el resto de opciones de batalla.
Estas semanas estuve ojeando comentarios de la gente sobre el juego y admito que me sorprenden quienes lo defienden a capa y espada, como si sus errores no fuesen obvios. De igual forma, despreciarlo centrándose en aspectos como su historia tampoco me parece justo, aunque sí legítimo. Bajo mi punto de vista, la crítica debería centrarse en sus controles y mecánicas poco intuitivas.
¡Y poco más! Dejaré que lo valoren aquellos jugadores que sí buscan experimentar todo su contenido, que son quienes entenderán mejor el nivel de calidad del juego. Para mí es una experiencia fresca y entretenida que no me cambiará la vida, pero sí que me valió la pena vivir. Seguro que con el tiempo pulirá sus imperfecciones y será todavía mejor juego. O eso espero.
