GameBlog semanal #273, el desierto de la polémica carmesí
¡Bienvenidos al GameBlog semanal, en este caso el #273! El anterior lo tenéis por aquí, si hay curiosidad.
¿Recordáis mi intento de jugar el gacha de Seven Deadly Sins? Efectivamente, no duré más de tres horas, así que no lo cubriré por aquí. Aclaro que el juego no me estaba pareciendo malo en si, solo que su estructura (que comparte con tantos otros títulos) me acabó dando pereza. Sin embargo, a quien le guste esa serie, quizá tenga algo interesante ahí.
Dejando mi previsible abandono a un lado, hoy solo hablaremos un poco del juego de moda.

Videojuego semanal
Crimson Desert
Pensaba esperar para jugarlo y recomendaría paciencia a cualquier interesado, porque el juego irá mejorando con cada parche. El caso es que me lo regalaron por sorpresa, algo que agradezco, así que empecé a experimentarlo antes de lo previsto. En su conjunto es más o menos lo que esperaba, ya que en su día le eché unas cuantas horas a Black Desert y sé a lo que vengo.
Pienso que el problema más sonado reside en los controles y la curva de aprendizaje que supone para los nuevos en el estilo de sus responsables, Pearl Abyss. Cuesta habituarse y puede sentirse tosco en ciertos momentos, abrumando mientras te habitúas a combatir, realizar técnicas, navegar por los menús y sentirte cómodo con el propio juego.
Por lo que he jugado hasta ahora, veo como una experiencia muy enfocada en ofrecer un mundo abierto vivo y lleno de contenido. La cuestión está en lo interesante que pueda parecerte dicho contenido. Yo me encuentro un poco en medio: me gusta recorrer su mundo, pero a la vez siento una falta de propósito ocasional. De hecho, salvando la distancia, me recuerda a lo que sentía con Dragon’s Dogma 2.
Ignoro si acabaré conectando al máximo con la propuesta cuando pasen unas cuantas horas. De momento la experiencia me está gustando, ya que estoy tomándomelo con muchísima calma y alternando con otros juegos. Los mundos abiertos tan libres no suelen ser mi estilo, ¿lo será Crimson Desert? Supongo que lo descubriré si sigo tolerándolo en sus primeras 20 horas. ¡Hay juego para rato!
